cama solar... como broncearse y no morir en el intento
Al acercarse lentamente el verano se vuelven cada vez más codiciados los turnos en los institutos relacionados con la belleza y el físico para llegar a la playa con cuerpos perfectos, delgados y bronceados. Pero, ¿son estos lugares seguros o pueden transformarse en una trampa mortal?
El día 31 de octubre pasado una jóven de 25 años ingresó a un Silver Solarium ubicado en Cerviño 2668, en el barrio de Palermo, para tomar la primera de sus seis sesiones de cama solar, por las cuales pagó más de $100. Según fuentes judiciales, a los pocos minutos de ingresar, la mujer advirtió que desde el exterior salía una llamarada de fuego. Tras golpear una y otra vez y no recibir ayuda de ningún miembro del personal del instituto, ya que no se percataron del problema existente, atinó a abrir la tapa de la cama solar envuelta en llamas y salió corriendo con su brazo izquierdo dañado por quemaduras.
Según fuentes de la clínica San José, la joven llegó por sus propios medios y fue tratada satisfactoriamente de las quemaduras que, afortunadamente, no resultaron ser de gravedad.
Pero, algunas preguntas me quedan en el tintero... primero, ¿vale la pena arriesgar la vida o la salud para llegar a tener el físico requerido por la sociedad de consumo? Además, fuentes judiciales consultadas nos alarmaron diciendo que no existen legislaciones que obliguen a realizar controles por parte de la Secretaría de Salud de la Ciudad de Buenos Aires... por lo tanto ésto va a continuar sucediendo, y no será, como parece una desgracia inevitable del destino, sino una desgracia que podría ser evitada. A la vez, será que no existen esas leyes debido a que los institutos prestadores de esos servicios mantienen un fuerte poder de presión sobre quiénes deben legislar, o son nuestros legisladores los que no valoran en su justa medida los riesgos que día tras día corremos los ciudadanos que los elegimos.
fuente: télam
El día 31 de octubre pasado una jóven de 25 años ingresó a un Silver Solarium ubicado en Cerviño 2668, en el barrio de Palermo, para tomar la primera de sus seis sesiones de cama solar, por las cuales pagó más de $100. Según fuentes judiciales, a los pocos minutos de ingresar, la mujer advirtió que desde el exterior salía una llamarada de fuego. Tras golpear una y otra vez y no recibir ayuda de ningún miembro del personal del instituto, ya que no se percataron del problema existente, atinó a abrir la tapa de la cama solar envuelta en llamas y salió corriendo con su brazo izquierdo dañado por quemaduras.
Según fuentes de la clínica San José, la joven llegó por sus propios medios y fue tratada satisfactoriamente de las quemaduras que, afortunadamente, no resultaron ser de gravedad.
Pero, algunas preguntas me quedan en el tintero... primero, ¿vale la pena arriesgar la vida o la salud para llegar a tener el físico requerido por la sociedad de consumo? Además, fuentes judiciales consultadas nos alarmaron diciendo que no existen legislaciones que obliguen a realizar controles por parte de la Secretaría de Salud de la Ciudad de Buenos Aires... por lo tanto ésto va a continuar sucediendo, y no será, como parece una desgracia inevitable del destino, sino una desgracia que podría ser evitada. A la vez, será que no existen esas leyes debido a que los institutos prestadores de esos servicios mantienen un fuerte poder de presión sobre quiénes deben legislar, o son nuestros legisladores los que no valoran en su justa medida los riesgos que día tras día corremos los ciudadanos que los elegimos.
fuente: télam
